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Si en una fiesta, una verbena popular o un encuentro de amigos quieres que la gente se mueva, que se mezclen, que se encuentren unos con otros y que se provoque un momento de alegría colectiva, sólo tienes que hacer sonar alguna canción como LA RASPA, una canción bailable en gran grupo y muy conocida. Y si no la conoces, es tan pegadiza que después del primer estribillo ya sabes bailarla y cantarla.

Y así pasa en España desde finales de los años cuarenta del siglo pasado, más exactamente desde que en 1948 la grabó Chelo Villarreal, aunque la canción es de origen mejicano y se remonta a 1930 más o menos, siendo su origen, muy posiblemente Veracruz. La Raspa ha surgido de una mezcla de bailes, sones y ritmos aztecas, mayas, yaqui, africanos y europeos. Posiblemente por esta razón está en la identidad sonora de tantos pueblos.

Me decidí a buscar información sobre esta canción para utilizarla en las sesiones de musicoterapia en el ámbito gerontológico y con mayores con Alzheimer en el que tengo la suerte de trabajar como musicoterapeuta.


Lo primero que encontré fue la letra original:

Que salgan a bailar la gente de este lugar;
La Raspa con su son será vuestra diversión
De frente se dan tres y luego tres de "costao"
De frente otra vez y tres más del otro "lao".

Dame el brazo para rodar y ahora el otro para cambiar,
Salta y brinca siempre al compás, que la Raspa eso no más.
Ay que bonito es bailar juntito agarradito con mi amorcito,
Y yo le digo: cariño mío bailar contigo es mi ilusión.

La Raspa da ocasión de bromas a discreción,
Y aquí lo mismo da que pierdas la seriedad,
Si estás a medio mes y el bolso puesto al revés
La Raspa logrará que olvides la realidad.

Dame el brazo para rodar y ahora el otro para cambiar
Salta y brinca siempre al compás, que la Raspa eso no más.

Si tú me quieres y yo te quiero ya nos podemos los dos casar;
Y cuando vuelvan las golondrinas ya viviremos en nuestro hogar
Una casita muy chiquitita con muchas flores en el jardín,
Y allí juntitos nos amaremos y nuestra dicha no tendrá fin.

 

Poco después encontré la versión  grabada por Chelo Villarreal en 1948. PINCHA AQUÍ SI QUIERES OIRLA.

Y una vez que la había escuchado y cantado varias veces, me dispuse a ver cómo la utilizaba en las sesiones de musicoterapia, descubriendo que La Raspa ofrecía muchas posibilidades para trabajar varios de los objetivos marcados dentro del proyecto de Musicoterapia para la Prosocialidad que desarrollo con este colectivo desde el curso 2012-2013. En concreto, los referidos a:  

·       CONOCER nuestra identidad sonora y la de los demás miembros del grupo

·       PSICOMOTRICIDAD: coordinar Ritmo, palabra y movimiento.

·       TERAPIA RECREATIVA: Disminuir los niveles de ansiedad

·       AUMENTAR INTERACIÓN (verbal o no verbal): Jugamos con todas las personas del grupo, nos relacionamos con ellas.

·       Estimular la CREATIVIDAD.

·       REMINISCENCIA: Recordar cosas tras la evocación musical.

·       ESTIMULAR EL ESTADO DE ÁNIMO

·       Comunicar EMOCIONES

·       Estimular EMPATÍA y AUTOESTIMA 

Parecía fácil de acoplar dentro del esquema fijo que presidía nuestras más de 300 sesiones que hasta el momento hemos realizado. Un esquema fijo que da seguridad a nuestros usuarios y que, sin embargo, se desarrolla cada día de una forma totalmente diferente, gracias al amplio espacio de improvisación que ofrece cada intervención.

Un primer momento de CALDEAMIENTO, en el que saludamos a los participantes uno a uno, cantando su nombre y sabiendo por él cuál es su estado de ánimo en ese momento, un espacio que se hace sin prisa, atendiendo a cada persona totalmente. No hay nada más importante en ese momento. Es tan importante porque cada persona es el centro de atención en cada momento, expresa sus sentimientos y emociones y va haciendo que el grupo (y cada uno de sus integrantes) incremente el estado de ánimo positivo.

El segundo momento es el de DESARROLLO de la sesión y aquí, después de un rápido repaso al día, la hora, el tiempo que hace, lo que han desayunado o cómo han dormido, viene la propuesta de esta canción, que trabajamos en dos fases:  

A) La presentamos como un redescubrimiento que hemos realizado: “Hemos sido capaces de encontrar la letra original de una canción que os sonará”. Y así, vamos dando varios pasos tendentes a la acogida de la canción por parte del grupo: 1º) Escuchamos la grabación de Chelo Villarreal. 2º) Recordamos experiencias vividas con esta canción (fiestas, bailes, amigos, circunstancias…) 2º) La canto con un tempo adecuado a ellos (algo más lento que el normal). 3º) Repasamos su letra (a los que pueden leer se les entrega una copia en papel). 4º) La cantamos todo el grupo varias veces (siempre muy atentos a los recuerdos y comentarios que puede provocar la canción).

B) Les propongo bailarla, porque La Raspa está hecha para ser bailada. No importa que tengamos dificultad para movernos o que directamente no podamos mantenernos de pie, porque ¡podemos bailar la raspa sentados! Así, proponemos que las distintas partes de la canción vayan coordinadas por algún movimiento: movemos los pies al compás, también los pies y las manos al mismo tiempo, movemos los pies y cogemos de la mano a los compañeros del grupo, movemos los pies y las manos las balanceamos subiéndolas lo más arriba posible… con sencillos movimientos que los miembros del grupo sean capaces de realizar.

El resultado lo resume la frase de una usuaria: “¡Qué clase más divertida!”. Porque los usuarios han sido capaces de cantar la canción (algunos de ellos leyendo la letra teniendo la copia que le habíamos proporcionado en la mano) y de realizar simultáneamente "la coreografía" ensayada, de jugar unos con otros y divertirse comunicar sus emociones, reforzar la empatía, la memoria, la creatividad, la reminiscencia, propiciando (en definitiva) un estado de ánimo muy positivo, alegre, agradecido, haciendo que sientan mejorar su calidad de vida en esos momentos ("porque olvidamos nuestros dolores por un rato").

Y así, con ese buen sabor de boca llegamos a la última parte: LA DESPEDIDA. Cantando, nos despedimos hasta el día siguiente, habiendo bailado La Raspa sentados y habiendo conseguido los objetivos que nos proponíamos.


MUSICOTERAPIA, MOTIVACIÓN Y CONVIVENCIA EN LAS AULAS.

Hemos constatado que para incrementar notablemente la motivación para el aprendizaje y la convivencia, es necesario mejorar el ambiente prosocial en las aulas. Mediante la intervención musicoterapéutica somos capaces de incrementar la prosocialidad, alcanzando con ella una presencia positiva y unidad que podemos definir con Roche como una presencia personal que expresa actitudes de proximidad psicológica, atención, escucha profunda, empatía, disponibilidad, ayuda y solidaridad para con otras personas, contribuyendo a un clima psicológico de bienestar, paz, concordia, reciprocidad y unidad en un grupo.

MT en las aulas