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“Los días malos son como el estiércol”

Apuntes de mi  diario de Musicoterapia y Alzheimer




Durante los últimos meses de sesiones en AFAD MOLINA, la Asociación donde se atiende a familiares y enfermos de Alzheimer y otras demencias, he procurado tener muy cerca el cuaderno de notas para apuntar recuerdos, frases, refranes y otros comentarios que fuesen significativos en la marcha de la intervención musicoterapéutica que ya va a hacer dos años que realizamos ininterrumpidamente gracias al convencimiento de Consuelo Yagües (su directora) de lo importantes y complementarias que son las terapias creativas para estos usuarios. Por eso, en la programación de actividades de esta Asociación siempre encontramos talleres de risoterapia, arteterapia y musicoterapia.


Con una intervención musicoterapéutica de una hora cada día, intentamos que haya un ambiente prosocial, positivo, de esperanza, de alegría, de aceptación y cariño. Procuramos, a pesar del deterioro constante que supone el Alzheimer y las demencias, que su calidad de vida actual sea lo mejor posible. Por supuesto que están presentes otros objetivos como la mejora del lenguaje, de la psicomotricidad y, sobre todo, de la memoria, por lo que todas las canciones que utilizamos en las sesiones las cantan de memoria (al contrario del primer año en el que les repartíamos un folio con la letra de cada canción). Tener un recuerdo agradecido de su pasado es también un objetivo importante en nuestra intervención.


Ciertamente, el espacio privilegiado para que verbalicen todos estos sentimientos, es la acogida donde, cada día, desde hace dos años, y utilizando la misma canción de bienvenida, cantamos el nombre de cada una de las personas usuarias y nos detenemos un momento con cada persona para que nos diga cómo está, cómo se siente… Pero la frase, el refrán, el pensamiento pueden surgir en cualquier momento de la sesión.


Y lo que más se repite es el agradecimiento por sentirse acompañados de buena gente. Por supuesto, nosotros subrayamos la importancia del grupo, pero a partir de cada persona. Repetir su nombre hace que se sienta reconocida, agradecida, formando parte de un colectivo de “personas estupendas”. Por eso, no preguntamos su nombre directamente al usuario, sino al compañero que tienen al lado para que nos diga su nombre y nos hable de él. Poco a poco el grupo va entrenándose en poner el foco en las cualidades y posibilidades de la gente del grupo: “Me encuentro muy bien y muy agradecida de estar en este grupo tan bien acompañada”.



Su gran valoración de grupo se nota en frases como: “El amor se gasta cuando no se da. Si se da, se multiplica”. O cuando se les pide que resuman en una palabra su sentimiento del día: “Bienestar, vida, todo, compañía, ilusión, alegría, relajación, cariño y amor, buen humor, ternura, ganas de vivir, comprensión, paz”.


Los pequeños conflictos también pueden aparecer en algún momento (muy breves todos los que yo he vivido) y es el mismo grupo el que reflexiona sobre ello, recordando a todos que a la hora de discutir “hay que masticarlo antes de decirlo”. Y que el grupo funciona si todos nos comprometemos con él y aportamos nuestro granito de arena. O sea, recibiremos mucho si somos generosos: “Para probar la olla del vecino, la tuya no ha de tener cobertera”.


Pero, más allá de recordar y traer a colación los refranes de esa tradición oral tan rica que tienen, te sorprenden a veces mucho con pensamientos de propia elaboración, dando apenas crédito de que salgan de su boca y que a este musicoterapeuta lo llenan de alegría. Es el caso de este hermoso pensamiento: “La vida empieza cuando se conoce a las personas”, que hace patente la aportación positiva que los demás hacen en nuestra vida y provocanco una presencia positiva y de unidad de la persona que lo ha dicho, que lleva a un clima prosocial muy palpable.


Ese clima especial de acogida, de esperanza, de alegría, hace incluso que los lunes parezcan diferentes: “Los lunes canta una canción que llegue al corazón./ Los lunes canta sin parar para quedarte en paz./ Los lunes canta contenta y tendrás tu recompensa./ Los lunes baila y canta y despeja la garganta”.


Por eso, cada vez que hacemos recreación de alguna canción componiendo nuestras propias letras, pueden surgir estrofas como ésta: “Me gusta sentir que mi gente me quiere,/ cómo mi nieto me cuida a mí./Me gusta bailar gozando de la vida/acercarme a los que quiero con alegría sin fin”.


Y aún en los malos días que tenemos todos (y nuestros usuarios también) surgen hermosas reflexiones dichas con un lenguaje tan llano y gracioso como: “Hoy tengo los pensamientos esturreaos”. Lo que aquí valoramos es que esos sentimientos se expresen en el grupo, se compartan. El grupo los acoge y en un gesto de empatía hace que esa persona se sienta querida y acompañada.


Esos momentos permiten que el grupo llegue a elaborar pensamientos tan intensos como: “Los días malos son como el estiércol”. Frases así provocan una rica discusión en el grupo: El estiércol es desecho feo y maloliente, pero si lo recoges y los dejas secar, después se convierte en un potente fertilizante para la nueva siembra. Y es que aún los malos días son capaces de hacer crecer la esperanza y la alegría en nuestra vida cotidiana.


Todos estos pensamientos van surgiendo alrededor de las canciones que cantamos, unas 30 ó 40 canciones, la mayoría de los años 40-50 del pasado siglo, como por ejemplo: “Cachito, cachito, cachito mío”, que provoca recreaciones en torno a su vivencia del grupo como esta estrofa: “A tu lado yo me siento renacer/ porque tienes alegría e ilusión./ A tu lado yo me encuentro muy feliz/ porque llenas de esperanza el corazón”.


Y es verdad, mi corazón se llena de esperanza con cada sesión.

MUSICOTERAPIA, MOTIVACIÓN Y CONVIVENCIA EN LAS AULAS.

Hemos constatado que para incrementar notablemente la motivación para el aprendizaje y la convivencia, es necesario mejorar el ambiente prosocial en las aulas. Mediante la intervención musicoterapéutica somos capaces de incrementar la prosocialidad, alcanzando con ella una presencia positiva y unidad que podemos definir con Roche como una presencia personal que expresa actitudes de proximidad psicológica, atención, escucha profunda, empatía, disponibilidad, ayuda y solidaridad para con otras personas, contribuyendo a un clima psicológico de bienestar, paz, concordia, reciprocidad y unidad en un grupo.

MT en las aulas