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K. Bruscia advierte al comienzo de su libro “Definiendo Musicoterapia”:


La Musicoterapia tiene muchos aspectos que hace que sea difícil definirla: como cuerpo de conocimiento es transdisciplinaria; como una combinación de disciplinas es a la vez un arte, una ciencia y un proceso interpersonal; como una modalidad de tratamiento es diversa; como disciplina y profesión, tiene una identidad doble y como un campo joven está todavía en el proceso de llegar a ser”. (Bruscia, 1997, p. 14)


      Por eso mismo, a la hora de explicar a nuestros clientes qué es la Musicoterapia, es importante partir de una definición de Musicoterapia lo más consensuada posible y la definición de referencia primera es la de  la  Federación Mundial de Musicoterapia que ofreció una definición común en su 8º Congreso Mundial de Hamburgo en 1996:


“La musicoterapia es el uso de la música y/o de los elementos musicales (sonido, ritmo, melodía, armonía) por un terapeuta cualificado con un cliente o grupo, en un proceso dirigido a facilitar y promover la comunicación, las relaciones, el aprendizaje, la movilización (sic), la expresión, la organización y otros objetivos terapéuticos relevantes, con el fin de suplir necesidades de tipo físico, emocional, mental, social y cognitivo. La musicoterapia tiene como finalidad desarrollar potencialidades y/o restaurar funciones del individuo de forma que él o ella puedan conseguir una integración tanto intra como interpersonal y, como consecuencia, una mejor  calidad de vida a través de la prevención, la rehabilitación o el tratamiento” (WFMT, 1996).


     La Asociación Americana de Musicoterapia (la institución más antigua de la profesión) la define, además, señalando un aspecto muy importante para la presente intervención en el centro escolar: el espacio del musicoterapéuta se sitúa dentro de un equipo multidisciplinar:


“La musicoterapia es la utilización de la música para conseguir objetivos terapéuticos: la restauración, mantenimiento y mejora de la salud mental y física. Es la aplicación sistemática de la música, dirigida por un musicoterapéuta en un contexto terapéutico a fin de facilitar cambios en la conducta. Estos cambios ayudan a que el individuo en terapia se entienda mejor a sí mismo y a su propio mundo, llegando así a adaptarse mejor a la sociedad. Como miembro de un equipo terapéutico, el musicoterapéuta profesional participa en  el análisis de problemas individuales y en la selección de objetivos generales de tratamiento antes de planificar y dirigir actividades musicales. Se realizan evaluaciones periódicas para determinar la efectividad de los procedimientos empleados” (Betés del Toro, M., 2000, p. 289).


      Kenneth Bruscia nos propone en el capítulo 4 de “Definiendo Musicoterapia” la definición “teórica” que no cree conveniente utilizar la primera vez que expliquemos lo que es Musicoterapia a alguien, aunque su definición, siendo menos descriptiva que las anteriores, nos parece bastante intuitiva:


“La musicoterapia es un proceso sistemático de intervención en donde el terapeuta ayuda al cliente a conseguir llegar a la salud, utilizando experiencias musicales y las relaciones que evolucionan por medio de ellas como fuerzas dinámicas de cambio” (Bruscia, K., 1997, p. 43).


      Termina este capítulo el mismo Bruscia señalando  los elementos y objetivos principales de la Musicoterapia:


“La Musicoterapia puede ser comparada a la química. Sus elementos principales son el cliente, la música, el terapeuta y otros participantes. A través de las experiencias musicales estos elementos se unen para formar compuestos varios o relaciones que sirven como fuerzas dinámicas de cambio.

Los objetivos de cambio terapéutico en Musicoterapia son fisiológicos, psicofisiológicos, sensomotrices, preceptúales, cognitivos, conductuales, musicales, emocionales, comunicativos, interpersonales y creativos” (Bruscia, 1997,  p. 69).

MUSICOTERAPIA, MOTIVACIÓN Y CONVIVENCIA EN LAS AULAS.

Hemos constatado que para incrementar notablemente la motivación para el aprendizaje y la convivencia, es necesario mejorar el ambiente prosocial en las aulas. Mediante la intervención musicoterapéutica somos capaces de incrementar la prosocialidad, alcanzando con ella una presencia positiva y unidad que podemos definir con Roche como una presencia personal que expresa actitudes de proximidad psicológica, atención, escucha profunda, empatía, disponibilidad, ayuda y solidaridad para con otras personas, contribuyendo a un clima psicológico de bienestar, paz, concordia, reciprocidad y unidad en un grupo.

MT en las aulas