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    La Musicoterapia ejerce influencia decisiva en el ser humano, en todas sus dimensiones.  Patricia Martí (Betés del Toro, M., 1997, pp. 293-296) señala, por ejemplo, dimensiones como la fisiológica, la emocional, la cognitiva, la social o la espiritual.

     Todas ellas están presentes en la intervención musicoterapéutica en mayor o menor medida y cada una de ellas se beneficia de la acción musicoterapéutica.


Si atendemos a la dimensión fisiológica

-provoca una mayor o menor activación de sus ondas cerebrales,

-influye en el pulso y la presión sanguínea,

-en la actividad muscular o

-en el sistema inmunitario.

Desde la dimensión emocional

-modifica el estado de ánimo,

-ayuda a expresar emociones y sentimientos profundos,

-despierta, evoca y provoca sentimientos diversos.

Si nos fijamos en la dimensión cognitiva

-estimula la imaginación y la creatividad, el lenguaje

y la capacidad de atención,

-ayuda al aprendizaje,

-evoca asociaciones,

-estimula la memoria a largo plazo o mejora la reciente,

-mejora la orientación en la realidad.

En cuanto a los efectos en la dimensión social

-favorece la integración social,

-la expresión individual ante el grupo,

-contribuye al desarrollo de habilidades sociales,

-facilita la cohesión grupal y

-hace aparecer el sentimiento de grupo,

-contribuye a las relaciones sociales

-e invita al diálogo.

En la dimensión espiritual

-provoca sentimientos de felicidad,

-ayuda a expresar lo inexpresable,

-ofrece vivencias de paz, serenidad, armonía, sabiduría,

-despierta un sentimiento de conexión con el universo y lo inefable

-e invita a la reflexión y exploración sobre el sentido de la vida.


            En definitiva, las características terapéuticas y preventivas de la música vienen dadas (Betés del Toro, M., 1997, p. 296-299)

-por su carácter de universalidad, al ser accesible a todos los individuos y a la comunidad;

-por su flexibilidad o adaptabilidad al sujeto y al grupo;

-por su estructura y orden en el tiempo que aporta seguridad y tranquilidad;

-por su experiencia estética, que provoca una mejor calidad de vida;

-por las experiencias musicales que provoca, sobre todo la música preferida de los usuarios; -por su lenguaje simbólico-no verbal, que le permite llegar a todo el mundo en diferentes condiciones, situaciones, estados de ánimo, sin necesidad de recurrir a las palabras;

-por su multidimensionalidad, que permite llevar a cabo una intervención integral de la persona o del grupo tal y como, educativamente, tienen como objetivo común las competencias básicas.

MUSICOTERAPIA, MOTIVACIÓN Y CONVIVENCIA EN LAS AULAS.

Hemos constatado que para incrementar notablemente la motivación para el aprendizaje y la convivencia, es necesario mejorar el ambiente prosocial en las aulas. Mediante la intervención musicoterapéutica somos capaces de incrementar la prosocialidad, alcanzando con ella una presencia positiva y unidad que podemos definir con Roche como una presencia personal que expresa actitudes de proximidad psicológica, atención, escucha profunda, empatía, disponibilidad, ayuda y solidaridad para con otras personas, contribuyendo a un clima psicológico de bienestar, paz, concordia, reciprocidad y unidad en un grupo.

MT en las aulas