Somos música

No sé si está bien comenzar una presentación con preguntas, pero es que es lo primero que se me viene a la cabeza: ¿Recuerdas algún día de tu vida sin música? ¿Algún momento importante de tu vida le ha faltado la música? ¿Cuántos momentos intensos, significativos, apasionantes has vivido acompañados o provocados por la música? Y la última pregunta: ¿Notas cómo resuena tu cuerpo con la música?

En nuestra gestación, en nuestro nacimiento, en nuestro crecimiento y madurez como personas, la música es un elemento constante, es más, es un elemento constitutivo de nuestra existencia como personas. Por eso, yo creo que podemos decir sin problemas que SOMOS MÚSICA y nuestro cuerpo es el instrumento musical más íntimo e impresionante de música que tenemos.

Toda nuestra vida no es otra cosa que recorrer un largo y constante camino que va desde el ruido más rudimentario al sonido más elaborado que dotamos de ritmo e intensidad y de ahí al nacimiento de la melodía, que al juntarse con otras melodías hacen crecer la armonía.

Nuestra biografía, desde este punto de vista, es un conjunto de sonidos, ritmos, melodías y armonías que han conformado nuestra música interior que va repitiendo constantemente la canción de nuestra vida.

Qué es la enfermedad sino la rotura de nuestra armonía interior que ha de recuperarse para que recuperemos la salud. Una salud que hemos de entender en un sentido bien amplio, no sólo de un correcto funcionamiento de nuestros órganos vitales y la complejísima maquinaria de nuestro cuerpo, sino también de experimentar bienestar y paz interior, alegría, esperanza, autoestima.

A nuestro cuerpo, en definitiva, le pasa como a cualquier instrumento: es necesario “ir haciéndolo” y no hay otra forma de hacerlo, de que madure que hacer que suene constantemente para que llegue a alcanzar su sonido mejor.

Vamos a experimentar y “oír” nuestro cuerpo, a dejar que de él surjan nuestros sonidos, nuestros ritmos, nuestra melodía y vamos a dejar que, al encontrarse con otras personas, surja la armonía que da plenitud a nuestra persona. Redescubriremos la canción de nuestra vida, recibida por el grupo que nos ofrecerá una caja de resonancia amplificada para darnos cuenta de todos los detalles y matices de nuestra canción.

Por eso, una pequeña sugerencia desde el principio: Quita la funda que recubre tu instrumento, déjalo al aire y que comience a sonar.

Éste es el objetivo último de nuestro trabajo en musicoterapia preventiva, proventiva, prosocial y comunitaria. Es la «paleta sonora» que empleamos en nuestras sesiones.