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IMPROVISAR CUENTOS AL BORDE DE LA CAMA

SIGUIENDO LAS LUCIÉRNAGAS DE NUESTRA CREATIVIDAD.

Gracias, Antonia María, Gracias, Rocío… gracias Mamá.

El gusanillo de la creatividad

A los 8 años gané mi primera colección de libros con un cuento que escribí (con inspiración de mi madre). Fue en un concurso a nivel nacional promovido por TVE en unos de sus programas infantiles. Creo que no he tenido más premios después, pero éste premio ya fue suficiente como para que anidara en mí el gusanillo de la creatividad, aunque he seguido escribiendo de forma intermitente. Ahora, de forma más continuada, reforzados muchísimo por la formación en Cuentoterapia que realicé, y como un apoyo a mi trabajo musicoterapéutico, voy escribiendo cuentos, algunos de los cuales hemos editado y os presento aquí con las impresionantes ilustraciones de Rocío La Pequeña.

Pero esta entrada, sobre todo, quiere invitaros muy especialmente a mamás y papás, a transitar por la experiencia maravillosa que tuve con mis hijas cuando eran pequeñas siguiendo las luciérnagas de nuestra creatividad. A la hora de dormir jugamos durante una larga época a inventarnos cuentos.

Un juego sencillo y maravilloso

El juego era muy sencillo: Ellas se inventaban el título del cuento y yo tenía que contárselo. Bueno, para mí era muy sencillo porque nos inventamos unos personajes que las acompañaban siempre en las distintas historias. Las acompañaban a ellas, que eran las protagonistas de todos los cuentos. Así, cada noche una inventaba el título del cuento y yo tenía que contarles un cuento en torno a ese título.

Ilustración de Rocío La Pequeña para El bosque de las luciérnagas

Artefactos y cachivaches

Teníamos una mochila mágica de la que sacábamos los artefactos maravillosos que nos hacían falta para llevar a cabo nuestra historia. Así, cualquier cosa que nos propusiéramos éramos capaces de realizarla, aunque algunas veces era muy difícil.

Los artefactos o cachivaches que utilizábamos eran todos sabrosos porque se parecían mucho a las chuches, con la particularidad de que no contenían azúcar, no hacían daño a dientes y muelas y tampoco al estómago, pero estaban deliciosas. No todos se comían, algunos nos servían para viajar.

El otro gran aliado de nuestras aventuras era nuestra cometa mágica, el gran cachivache, con la que podíamos desplazarnos de forma rápida y segura a cualquier parte de nuestro planeta y de nuestra imaginación.

Los escenarios de nuestro cuentos

Después estaban los escenarios que, fundamentalmente, eran dos: el bosque y el arco iris. En el bosque teníamos a nuestros amigos los gnomos (éramos grandes aficionados al Gran libro de los gnomos, que conocíamos página por página). Ellos nos ayudaban a introducirnos en el mundo de los animales y de las plantas de forma amorosa, amigable y cuidadora.

Al arco iris siempre teníamos ganas de ir porque era un sitio maravilloso donde nos esperaba nuestra gran amiga El Hada del Arco Iris. Desplegábamos nuestra cometa mágica y nos plantábamos en algunos de sus arcos en un periquete. Era un sitio maravilloso lleno de grandes espacios para jugar y de grandes mesas llenas de bandejas de chuches que podías comer sin que se picaran los dientes o te diera dolor de barriga. ¡Vaya festines antes de dormir!

Ilustración de Rocío La Pequeña para Ensalada de emociones

Las protagonistas de todos los cuentos

Nuestras aventuras siempre iban acompañadas de descubrimientos del mundo natural y de expediciones de ayuda a animales y plantas. Antonia María y Rocío, mis hijas eran siempre las protagonistas de todas las historias, claro está.

Todavía recuerdo la noche en que Antonia María dijo el título del cuento: El Búho que tenía miedo a la noche, que me dejó en silencio y asombrado durante un minuto. El cuento surgió finalmente, un precioso cuento que ha permanecido en nuestra memoria y que es uno de los que Rocío, convertida ahora en la maravillosa ilustradora Rocío La Pequeña, ha ilustrado mágicamente, con el nombre de El bosque de las luciérnagas.

Os aseguro que merece la pena hacer ese viaje por el bosque siguiendo las luciérnagas de nuestra creatividad, acompañado de las lucecitas de nuestras luciérnagas. No despreciéis ese suave y leve tintineo de vuestra creatividad porque es más que suficiente para atravesar el bosque y dar seguridad, alegría, ilusión y amor a vuestros hijos.

En fin, no es una Guía Didáctica para Improvisar cuentos al borde de la cama, por lo menos formalmente, pero sí una invitación con unas cuantas pistas para que lo intentéis. Los niños no son exigentes en lo tocante a la calidad literaria de nuestros cuentos, pero sí aprecian con mucha claridad la cantidad de ternura y de ilusión, de amor y de compromiso por nuestra parte para acompañarlos a descubrir la vida e ir reuniendo los cachivaches necesarios para afrontar por ellos mismos su historia, de la que siempre han de ser protagonistas.

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Además…

Puedes descargarte mi GUÍA DE INTRODUCCIÓN A LA MUSICOTERAPIA PROSOCIAL

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